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Entrevista a Perry Farrell: “Donde hay música no hay guerra”



El pasado 10 y 11 de septiembre se celebró en Berlín la 2da. edición del único Lollapalooza del continente europeo. Hacia el final del último día del festival, tuve la oportunidad de sentarme a conversar con su creador e ícono de los años 90: Perry Farrell. Una charla que nos llevó desde sus fiestas en el desierto californiano a principio de los 80 hasta su más reciente proyecto en Las Vegas.

Y ahí estaba, sentada en una sofá de dos plazas en un camerino bastante austero para lo que se podría pensar debería tener el creador del mítico festival estadounidense. Esperaba a que regresara de la breve rueda de prensa que cerraba el festival y donde se anunció que habrá una tercera edición del Lolla Berlín el año próximo.

La espera duró alrededor de 5-10 minutos, con lo cual me dio tiempo para detallar todo lo que tenía alrededor. Enfrente de mí: un sillón negro, una mesa llena de snacks, una nevera con una extensa selección de bebidas, un mueble para ropa y un módulo de videojuego PS4.

Se abre la puerta y aparece la esbelta y delgada figura del líder de Jane’s Addiction, ataviado en un negro impecable de los pies a la cabeza, con una camisa sin mangas que dejaba ver los tatuajes de sus brazos y una sonrisa pícara que revela que su cara ha visitado en varias oportunidades los quirófanos esteticistas.

Perry se sienta en el sillón negro que tenía justo enfrente y con un tono amable y cercano pide disculpa por la espera. Empieza a contar que está nervioso esperando que Bernard Sumner (cantante de New Order y miembro fundador de Joy Division) le confirme que le presentará a Mark Reeder (músico, productor y fundador del sello de electrónica MFS): “Espero podamos ver a Radiohead sentados juntos, sería estupendo, él es un artista increíble, amo su película”.

Mark Reeder es el protagonista del documental B-Movie: Lust & Sound in West-Berlin 1979-1989, con el cual Perry está obsesionado desde que se la recomendó Bernand, le comento que a mi también me pareció un documento imprescindible para entender el desarrollo musical de la ciudad y me dice:

“Te voy a contar una historia divertida: antes de que nadie supiese quién era yo, 1981-1982, ayudé a unos amigos con unas fiestas llamadas Gila Monster Jamboree. Lo que hicimos fue llevar a chicos al desierto de Mojave (California) en autobuses escolares alquilados. Una de las primeras que hicimos fue con Einstürzende Neubauten, y llevamos a este chico alocado llamado Blixa (se refiere al cantante de la banda) a un depósito de chatarras y ahí muy emocionado cogió varias piezas que le servirían para su sonido industrial. El colectivo se llamaba Desolation Center. Yo crecí y empecé mi vida adulta aprendiendo sobre música a través de los ojos de gente como Blixa, Einstürzende Neubauten, Desolation Center. Por eso me encantó cuando lo vi en B-Movie y ver toda esa escena underground”.

Tomando ese cierre sobre el underground, aprovecho para comentarle que echo en falta más bandas de ese nivel porque ahora todo se enfoca en los cabeza de cartel, inmediatamente me interrumpe con una sonrisa amplia para decir:

“De hecho ahora en el Lollapalooza Chicago vamos agregar un cuarto día, que será el día de apertura del festival. Yo quiero tener funk, world beat, reggae, salsa, sonidos que no estén en el radar. ¿No es maravilloso?, me pregunta”.

Al explicarme esta novedad, dice que prefiere alargar las fechas en vez de hacer dos fines de semana seguidos, como lo hacen los otros festivales con los que compite en Estados Unidos:

“Para mi no funciona así emocional ni espiritualmente, porque es una jugada monetaria. Prefiero alargar el festival y meter cosa más interesantes en vez de repetir el cartel”, concluye.

Como lo noto relajado y conversador, aprovecho para sacar el tema sobre el escenario que lleva su nombre y que sólo programa a artistas de EDM (música electrónica bailable), porque en algún momento leí en una entrevista que no estaba muy contento en cómo estaba evolucionando musicalmente su propio festival:

“Sí, tuve un caso de mala reputación hace algunos meses, porque un entrevistador malicioso me hizo caer en su juego y terminé diciendo que odiaba el EDM y que me hacía vomitar hasta por la nariz. Mis comentarios se viralizaron, fue la primera vez que fui trending topic (se ríe a carcajadas). Me quería morir, porque yo amo la música con el corazón, creo que toda música puede enseñarme algo, incluso si la hizo alguien que está muy loco.

Me encanta la música bailable, el house… lo que no me gusta es eso que están haciendo algunas estrellas del pop, que lo hacen sin alma y sólo para ganar dinero, para que todos los adulen. En fin, que pueden hacer lo que quieran, pero no en el Lolla, no en mi círculo, no serán bienvenidos”.

Voy directo al grano y le digo que en América del Sur ya tienen tres Lollapalooza (Chile, Argentina y Brasil) y que en Europa, un continente tan rico artísticamente, sólo uno, ¿cuándo tendremos otro por estos lados?

Yo quiero tener un Lollapalooza en todas partes, pero no por una cuestión de dinero. El dinero es estupendo, puedes tener vacaciones, comprar bicicletas eléctricas, divertirte un montón; pero la razón principal sería porque donde hay música no hay guerra. Lo más cercano a Dios es la música y la paz, un sueño convertido en realidad sería un mundo pacífico, con mucho amor, donde todos cuidemos de todos.

Me encantaría venir a Europa, amo a Barcelona (hace acento español y repite el nombre de la ciudad varias veces), es uno de los lugares más artísticos y creativos que conozco. Queremos instalar el festival en otros países pero vamos muy tranquilos, somos una empresa familiar. Si hay por ahí un promotor interesado, pero en la música y no en el dinero, que me escriba”.

Este año el Lollapalooza celebró su 25 aniversario, el éxito y crecimiento es palpable, ¿hacia dónde crees que está yendo el festival?

“Lolla se está convirtiendo en algo muy grande, muy espacioso. A veces me pregunto dónde está Perry en todo esto. Tengo un nuevo proyecto en el que estoy trabajando: me voy a una versión pequeña, con una capacidad de 500-1.000 personas. Quiero desarrollar a gente joven, darles un lugar donde puedan desarrollar su moda, su sonido, su tecnología y después llevarlos a escenarios grandes. En los próximos 2-3 años mi preocupación principal es trabajar en pequeña escala.

Estoy construyendo un complejo. Literalmente desde cero con sus cornetas nuevas, sus luces… será en Las Vegas. Te estoy hablando del futuro del entretenimiento, será un teatro inmersivo, en continuo crecimiento, con producción musical, grabando audio y vídeo continuamente. Quien quiera que esté allí haciendo música, lo convertiremos en holograma. ¿Recuerdas los tocadiscos tragamonedas de los años 50? Pues ahora ese concepto lo convertiremos en un holograma. Pero bueno, este es sólo un aspecto de lo que estoy creando. Estamos trabajando con realidad aumentada, 3D mapping, entre otras cosas.

Quiero crear una nueva escena, con jóvenes, quiero que ellos la construyan, pero quiero empezar en una escala pequeña, para que más adelante ellos puedan salir al resto del mundo. Ahí es donde está mi cabeza ahora mismo.

Los jóvenes sólo son apoyados por sus padres y por su entorno educativo, y pienso que si no tienes un lugar donde inspirarte y además tienes la tentación de hacer dinero fácil, entonces harás música como aquella me hace vomitar por la nariz”, finaliza riendo.

Texto e imágenes: Verónica Estrada.

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