CINE

"La bicicleta de Pekin" | Wang Xiaoshuai | China/Francia | Vértigo | 2001

Se dice de ese país lejano llamado China, que ha experimentado más cambios en los últimos diez años que en el resto del siglo pasado. El origen de dichas transformaciones está en la adopción, cautelosa pero imparable, de unas nuevas reglas del juego en las relaciones económicas: la propiedad estatal y el espíritu colectivo se sustituyen por el individualismo y el ánimo de lucro. Se trata de un sistema, el capitalista, cuya influencia no se limita a la esfera de la actividad económica y, como bien sabemos en occidente, impregna las relaciones sociales y reprograma la mentalidad de los individuos.

Sobre este fondo de cambio vertiginoso, los miembros de la prestigiosa escuela de cineastas chinos (no así los procedentes de Taiwan y Hong Kong) vienen reaccionando de forma similar en sus films más recientes. Películas como "El emperador y el asesino" (Chen Kaige, 1999), "El camino a casa" (Zhang Yimou, 2000), "La ducha" (Zhang Yang, 2000), "Ni uno menos" (Zhang Yimou, 2001), todas ellas tienen en común un sentimiento de nostalgia por la China que fue y que desaparece ante sus ojos. Ya sea recurriendo al género histórico, retratando la vida rural o reflejando las dificultades de los oficios tradicionales frente a la modernidad, estos directores reivindican el pasado y sus películas transmiten la resignación ante el cambio inexorable.

Una nueva generación de jóvenes nacida hace quince o veinte años se encuentra en la transición hacia un mundo distinto y se debate entre los mensajes contradictorios lanzados por la sociedad: la conducta guiada por los valores de la generosidad y la confianza frente a las aspiraciones de nuevas conquistas materiales. Sus rostros y su mirada reflejan la tristeza de sus progenitores ante las promesas incumplidas del comunismo, pero todavía están limpios de codicia y destilan la pureza que da el desapego al dinero. A diferencia de los mayores, que permanecen sentados jugando a las damas mientras el tren del capitalismo pasa junto a ellos a toda velocidad, los jóvenes se ven absorbidos por la nueva mentalidad, en un proceso sutil que Wang Xiaoshuai capta delicadamente en esta película, sin concesiones al sentimentalismo fácil. El director se sitúa en el corazón del cambio, es decir, en Pekín y en las vidas de esta generación perdida que, casi sin querer, aprenden las nuevas reglas del juego.

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Por: ferran@popchild.com