Esto (no) es Manga
El comic alternativo japonés

En los años 50 las revistas de manga tokiotas eran todas infantiles y muchos autores se refugiaron en un nuevo medio de entretenimiento barato de Osaka orientado al proletariado, la juventud y la tercera edad: el sistema de bibliotecas de pago o Kashibonya con una red de 30.000 centros de préstamo por todo el país. Azuzados por el neorrealismo europeo y el cine negro americano abandonaron el cómic de estilo disneyano por otro más detallista y fotográfico: el gekiga. El gekiga abrió el campo a temas hasta entonces tabú y a nuevos géneros como el horror, el erotismo, las historias de samurais o las de yakuzas.

Junto con otros autores de gekiga, Katsuiki Nagai promovería en Julio de 1964 la primera revista underground de la historia del manga: Garo. De caducidad mensual y mucho más cara y menos extensa que los semanarios de manga, proponía editar sin pagar a cambio de total libertad creativa.

Garo se transformó rápidamente en marca y señal entre los intelectuales de los 60 y su éxito hizo que el mismo dios del manga, Osamu Tezuka, imitase su fórmula tres años después con Com (de 1967 a 1973). Dos autores editados en nuestro país, Tatsumi y Sampei Shirato, aportaron respectivamente erotismo y espíritu izquierdista al proyecto, aunque el punto de referencia literario sería Yoshiharo Tsuge. Por su intensa introspección biográfica con ribetes surrealistas, a Tsuge se le ha asociado con el movimiento del Shishogetsu o novela del yo. De igual manera, depresivo e inseguro a causa de una vida dura, en permanente fuga y sin resolución, Tsuge no se prodigo como autor de historietas. En cualquier caso por su obra personal y genial es hoy considerado como el padre del cómic alternativo japonés.

En los 70 el movimiento se consolida. Garo alcanza en 1971 los 70.000 ejemplares y aparece un nuevo terreno de juego para el arte degenerado: el ero-gekiga. El disparo de salida lo daría en 1973 la revista Manga Erotopia a la que seguirían en 1975 Manga erogenika y Manga Alice en 1977, entre otras. A diferencia de los manga comerciales, el único requerimiento editorial en este género es el sexo explícito, dejando de tal manera un amplio espacio para la libertad estética. Sin embargo, otro límite externo, las leyes censoras niponas que prohiben la representación de los genitales, empujaron al género hacia lo que sí permitían: la violencia extrema. Interpretado como subcultura antiautoriataria por unos, fantasias masculinas de dominación por otras, el cóctel de sexo y violencia devino en la proliferación gráfica de todo tipo de parafilias.

Como heredero de Tsuge, durante esta década, el autor más representativo de la sensibilidad alternativa fue Kazuichi Hanawa. Por su tendencia al horror macabro y escatológico se le encasillo como ero-gore, a pesar de la elegancia de su personal estilo, detallado y oscuro, inspirado por la estética del "grabado atroz" en madera del Japón decimonónico. La fascinación retro de Hanawa por este periodo se extiende al plano argumental reinventando en sus cuentos eróticos y esotéricos el imaginario de la época como exótico y decadente. Budista practicante y retraído, fue, no obstante, detenido durante más de un año en 1994 por posesión de armamento antiguo y moderno.

El discípulo más aventajado de Hanawa sería Suehiro Maruo. Como su maestro, a los 20 años Maruo también paso por la cárcel por, tras abandonar el colegio, dedicarse a robar discos (de Santana y Pink Floyd). Maruo también se inspira en el grabado atroz, aunque su verdadera fuente estética está en la Alemania y el Japón de los años 30. Igual de decadente y siniestro que Hanawa es, no obstante, mucho más brutal y sangriento. Probablemente Maruo sea el autor de comics más extremo en la estetización de la violencia, aumentada, si cabe aún, por su control absoluto de la línea casi fotorealista. El más famoso de los dibujantes alternativos japoneses, Maruo es hoy autor de culto entre las adolescentes japonesas.

El ero-gekiga sucumbirá a lo largo de los 80 por la aparición de revistas de fotos porno y la progresiva incorporación de escenas sexuales en el manga convencional hasta formar el nuevo manga de lolitas. A la revista Garo no le fue mucho mejor pues en esta década cifró sus ventas siempre por debajo de los 10.000 y en 1984 le apareció una rival alternativa: Comic Baku.

Es en este entorno hostil donde se produce una revolución estética bajo influencia del punk. Terry Johnson, Takashi Nemoto y Muddy Wehara entre otros (este último incluido en el libro Rostros de Carmín) crearon el grupo "Tokyo funky stuff". Johnson será el gurú de un nuevo movimiento que, en una suerte de Do-It-Yourself, rechaza la perfección formal y figurativa del manga para reivindicar el arte Heta-uma (bueno-malo) al que no le preocupa la falta de aptitudes ni de calidad artística sino preservar el alma y la energía espontánea del boceto. Johnson llegó a editar en 1986 un manual de 285 páginas sobre su filosofía del que pronto hubo que tirar una edición ampliada.

La extraordinaria influencia como dibujante, ilustrador y diseñador de Terry Johnson ha impregnado desde entonces la cultura pop de Japón de este grafismo trash que hoy se encuentra desde en el envoltorio de la comida basura hasta en las señales de tráfico.

En los 90 las fronteras entre el cómic alternativo y el manga se han ido diluyendo. La revista Garo y similares ya no son la única alternativa editorial por la progresiva facilidad técnica para la autoedición que dio lugar desde mediados de los ochenta a un fenómeno nuevo: el fanzinismo o Dojinshi. Por otro lado, buena parte de los dibujantes alternativos se han ido integrando en las editoriales comerciales, que han aflojado sus criterios ante la expansión brutal del fenómeno manga en la última década, y las propias revistas alternativas se han vuelto menos arriesgadas, más permeables y menos politizadas que antes.

Las revistas alternativas son de las pocas "unisex" de Japón y han dado cobijo en los últimos años a un buen número de autoras de historieta. Entre las contemporáneas destacan Kiriko Nananan y Nekojiru.

Kiriko Nananan debutó en Garo en 1993 con su serie Hole. Sus historietas narradas como un diario en tiempo presente y primera persona recuerdan a un storyboard al limitarse habitualmente a una viñeta por página y numerosos planos detalle. Nananan es extremamente popular entre las chicas japonesas de las que atrae adjetivos como "cool" o "fashion" quizás por su dibujo de perfil fotogénico. Nekojiru, cuya verdadera identidad es tan misteriosa como sus tebeos, ha continuado desde que debutó en Garo en 1990 realizando sus historietas de dibujo naif y argumento mágico sobre el despertar a la vida de un par de hermanos gatitos.

En 1991 Garo fue comprada por la productora de videojuegos Zeit que, tras la muerte de su fundador en 1996, impuso sus criterios trendy para desempolvar la imagen sesentera de la revista. Como consecuencia, la mayoría de sus autores la dejaron en la estacada y fundaron el grupo Sheirinkogeisha que debutó el 7 de julio de 1997 con su propio magazine AX o Manga no oni. Además de ambas, el panorama actual del alternativo en Japón lo completan Comic cue, cuatrimestral y temática, Quick japan, con dos o tres series, y la antología porno Comic Ero.

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Dos antologías han introducido en Occidente al cómic alternativo japonés: Sake Jock (1995) y Comics Underground Japan (1996) que se pueden pedir por correo a la editorial Fantagraphics, también existe la menos interesante Secret Comics Japan (2000) en la editorial Viz. Blast Books ha editado en inglés Mr. Arashi's Amazing Freak Show (1992) de Suehiro Maruo del que también se incluye una historieta en The New Comics Anthology de Bob Callahan (Collier, 1991). El número 7 de RAW (1985) incluye dos historietas respectivamente de King Terry y Yoshiharo Tsuge. Otros autores de los que no hemos hablado son Hideshi Hino que tiene dos libros publicados por Blast Books, Panorama of Hell y Hell Baby, y Keichi Otta del que se pueden adquirir varias obras a través de la faneditorial marsellesa Le dernier Cri.

Suehiro Maruo

 

Suehiro Maruo

 

Suehiro Maruo

 

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Suehiro Maruo

 

 

 

Salón del Manga | 7╗ Edición | L'Hospitalet-Barcelona | 2001

One more time...el salón del manga. La séptima edición de este evento freak parece recrear, tal como si de un pronóstico se tratasen, los famosos videoclips de Daft Punk del mangaka Leiji Matsumoto: mientras el mundo vive en pleno clima de guerra bioterrorista, por La Farga de Hospitalet circulaba festivamente lo más parecido a la taberna de la guerra de las galaxias cantando a Mazinger en un Karaoke por aquí o disfrazaditas para matar por allá.

A parte de los clásicos Karaokes y el concurso de disfraces (cuyo premio al más ingenioso fue para el sadomasoquista hentai), se organizo una Gimkana, un torneo de Tekken y una demostración de diversas facetas de la cultura japonesa. Por si no habías quedado satisfecho, 3XL ofreció la posibilidad de hacerte gratuitamente y en disquete una foto con "chin-chan". Entre las cosas serias, como broche de oro, este año la organización consiguió, tras la fallida del creador de Mazinger, que la diseñadora de personajes de anime Akemi Takada cogiese el avión y se plantase en Barcelona. De tal manera, se proyecto un ciclo de anime de su Studio Pierrot dedicado principalmente a las producciones de shojo, es decir: para chicas, entre ellas varias de la autora de Ranma, Rumiko Takahashi.

No obstante, a toro pasado, el repaso de las novedades que nos ha dejado este salón se nos presenta como lo mas útil, sobretodo porque, como hace poco me comentaba acertadamente Albert Moteys, parece que de lo mejor que se está publicando ultimamente son mangas.

Glénat ha puesto la nota simpática con la edición de Zetsuai de Minami Ozaki. Se trata del primer manga que se edita en nuestro país del género yaoi cuyo tema son las relaciones erótico-sentimentales ┴entre chicos! y cuyo público, al menos en Japón, son las crias del insti. No obstante las novedades interesantes de esta editorial son dos títulos de manga apocalíptico: Blame de Tsutomo Nihei, en su ya tópica versión cyberpunk, y Dragon head de Minetaro Mochizuki que explora un imaginario retorno a la barbarie, en mi opinión no sólo el mejor manga que se ha publicado sino un buen candidato a mejor obra extranjera del año.

Tras un accidente ferroviario sus tres personajes principales (el chico, la chica y el loco) quedan atrapados e incomunicados en un túnel rodeados de los cadáveres de sus compañeros de excursión escolar y demás pasajeros. Este escenario opresivo sugestiona la psique del personaje más interesante, el loco, que reacciona desarrollando una relación ritual especialmente macabra con la caverna proyectando sus propios fantasmas sobre los muros y, como no, un erotismo enfermo sobre el cuerpo de la chica. Un escenario tan abstracto extrema la intensidad dramática de la serie que unida a su credibilidad general, particularmente el dibujo fotorealista, la confirma como un producto tremendamente sofisticado, heredero comercial directo del mejor cómic alternativo para adultos de Japón.

En el último número de la revista americana The Comics Journal un artículo reseñaba la pujanza del manga en el mercado Norteamericano fuera del circuito habitual del cómic bajo el formato de libro. No parece ser este el caso de nuestro país, pues esta estrategia desarrollada hasta cierto punto por Planeta parece no haber dado los frutos esperados a tenor del cambio de formatos: sus novedades "adultas" se nos presentan ahora en la Biblioteca Pachinko bajo el aspecto de algo parecido al "prestigio".

Junto con los títulos de esta nueva colección (Monster de Naoki Urasawa y El almanaque de mi padre de Jiro Taniguchi, autor de el paseante) se ofrece una del "inventor" del manga, digamos mejor de su estilo dinámico de narración, Osamu Tezuka que, por otra parte, vuelve a estar de actualidad. Recientemente hemos podido ver en el festival de Sitges la versión en anime de su manga Metropolis a cargo de Katsuhiro Otomo a los guiones (sí, sí: el de Akira) y Shigeyuki Hayashi a la dirección, que esperamos pronto de estrene en nuestras pantallas. Tras la edición de sus Black Jack y Adolf le toca ahora el turno a Phenix, la serie que marco un giro copernicano en la obra de Tezuka y por extensión del lenguaje del manga. No os dejéis engañar por su estilo disneyano, nos encontramos ante una de las obras maestras de la narración en historieta.

En el capítulo de ruegos, esperamos y deseamos que Planeta persista en la edición de las obras Tezuka continuando con su Buda, uno de los mejores tebeos que yo he leído jamás; que Dragon Head abra las puertas en Glénat, tal y como se rumorea, a las obras de terror de Suehiro Maruo y que, finalmente, alguien se decida a publicar el mejor manga de samurais de todos los tiempos Lone Wolf and Cub de Kazuo Koike y Goseki Kojima que actualmente reedita Dark Horse en Estados Unidos. Ya por pedir, lo imposible, que algún editor tenga la inteligencia de publicar Gen de Hiroshima: la brutal historieta autobiográfica de Keizi Nakazawa en la que describe como sobrevivió a la bomba atómica.

Si Nakazawa se sobrepuso al hongo nuclear, podemos estar seguros de que el Salón del manga superará la prueba del ántrax y el año que viene, one more time, podremos gozar nuevamente del carnaval otaku. └Que Mulah Omar había dicho aquello de que el manga incita a la violencia?

 

 

Por: Breixo Harguindey Barrio