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Intimidad | Patrice Chéreau | Gran Bretaña/Francia | Vertigo | 2000 Cuenta Woody Allen que la primera vez que vio "2001: una odisea del espacio" en el momento de su estreno (1968) no le pareció una buena película. Algunos años y varios visionados más tarde su opinión hacia la película de Kubrik cambió y se convirtió en efusivamente favorable. Hoy, un día cualquiera del año 2001, la decisión de algunos diputados de romper la disciplina de voto exigida por su partido se ha convertido en motivo de crítica y en portada de los periódicos. Uno de los pecados que el mundo libre occidental está empeñado en condenar con creciente intransigencia es la no definición nítida, coherente y perdurable de una postura ante cualquier fenómeno social. Resulta que aceptar la confusión de sentimientos es síntoma de inaceptable inseguridad, cuando bien podría ser prueba de lo contrario. Patrice Chéreau emprende en "Intimidad" un viaje por este rasgo tan definitorio de la personalidad humana que es la ambivalencia. La relación rutinariamente adúltera entre un hombre y una mujer sirve de punto de punto de partida y de llegada a una historia sin más argumento que la permanente confrontación de sus protagonistas con la duda, con el amor y el odio entre ellos y consigo mismos. No interesan aquí las razones ni, sobre todo, las justificaciones, sino la cruda y cotidiana lucha con los sentimientos encontrados y con las emociones contradictorias. Así, ese paradigma de la ambivalencia que es el sexo, realidad presente como ninguna otra en nuestras vidas y en la cual colisionan todos los contrarios que albergamos en nuestra pequeña mente, se convierte en un elemento necesario de esta historia. El film no evade esta responsabilidad y aborda el tema desde cerca, con respetuosa veracidad, no apta para ojos delicados que sufren al ver la imagen de su propia intimidad. Sin el cansino propósito de resolver dilemas morales o averiguar causas ocultas "Intimidad" nos acerca a la realidad más viva y cruda, al drama que acompaña al ser humano en su tránsito por una vida consciente. La película vivifica al cine al convertir en una historia aquello que, esbozado sobre un papel, no lo es. El director acepta la realidad dubitativa del ser humano, nos la muestra y predica con el ejemplo al entregarnos una película abierta, transigente, que pone a nuestra disposición para que nos la apropiemos como mejor nos parezca: sufriendo, disfrutando, observando, preguntando, recordando, olvidando; o, mejor aún, oscilando entre todas estas cosas. Bien, esto es lo que pienso hoy, pero no me ateis indefinidamente a mis palabras: puede que, con el tiempo, cambie de opinión... |
"Intimidad"
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| Por: Ferràn@popchild.com | |||