Moda : Bienvenido al Club de los Acabados

"Jarvis, 34 años que son como 15"

Bienvenido al Club de los Acabados

No somos jóvenes eternamente. El otro día un chaval me explicaba que se había comprado una tabla de skate de segunda mano. Le pregunté cuánto tiempo hacía que no patinaba, y me dijo que diez años. Este chaval tiene ahora 24, así que no había vuelto a subirse a la tabla desde los 14. Días más tarde apareció con un vendaje en el tobillo. Le sonreí, y acto seguido pronunció la fatídica frase: "Me flipé. Se me olvidó que a los 24 uno ya está viejo". Era divertido escucharle explicando cómo se hizo daño de la manera más tonta, pero al cabo de un rato me entró uno de esos arrebatos en los que uno se da cuenta de la edad que tiene, pero se da cuenta de verdad, y me puse un poco triste. Miré alrededor y efectivamente constaté que la gente huye de cumplir años como de la peste. Aunque al fin y al cabo parece que lo importante no es los años que tengas sino los que aparentes. Y si os parece que esto nada tiene que ver con la moda, os equivocáis. La moda es una de las artimañas que más utiliza la gente para borrarse edad. He aquí otros de los tics más comunes ante la decadencia:

- llevar bambas hasta bien entrados los 40. En mi curro había un ejecutivo hebreo ricachón y culto que lleva unas New Balance. Recuerdo el día en que se las compró; ese día casualmente yo también llevaba unas, y al cruzarnos me dirigió una mirada que tenía algo de hermandad. En fin

- salir con gente más joven

- no hacer deporte porque uno aún cree que el cuerpo mantiene los dividendos de la juventud, ésos en los que uno no debe cuidarse para estar bien

- notar las resacas más crueles que nunca. A la mañana siguiente, la piel más pálida, la ojera más profunda, el recuperarse mucho más espeso...

- el cuerpo, que es traicionero y tiene memoria, exhibe de pronto los excesos con avisos como esa celulitis incipiente o una barriguita cervecera

- al decir que aún no se tiene carnet de coche/casa propia/novi@/trabajo fijo el interlocutor responde con ojos como platos: ¿¿¿¿Todavía noooo????

- cambiar de ídolos. Más bien, dejar de tenerlos. Y cambiar de sex-symbols: de Leo Di Caprio a Robert De Niro (hay quien siempre prefirió a De Niro, ojo)

- el número de zapatos pasa a ser la única talla estable de nuestro cuerpo; todo lo demás tiende a ensancharse o reducirse

- mantener vicios pueriles: ver dibujos animados, llevar coletas en el pelo, sacar la lengua en las fotos, comprarse peluches...

- pasar de marcas, pasar de ropa, en realidad pasar un poco más de todo

- tener compañeros de curro más jóvenes

- abandonar las colecciones que hemos llevado toda la vida (ese triste momento en el que uno empieza a pensar seriamente en vender la colección de singles para pagarse la hipoteca sin estrecheces)

- acordarse de aquel antiguo amor de hace mil años y pensar en llamarle

- buscarse hobbies extravagantes (aprender a hablar suahili, cocinar con wok, hacer yoga)

- aficionarse más a la televisión y a las revistas de marujeo

- ir al cine y ver sólo pelis comerciales

- empezar a tener tentaciones de procrear al ir a cuidar a los sobrinitos esa mañana de domingo

- en las grandes cadenas como Zara y demás uno ve que el 80% de la ropa ya no es de su rollo

- cuando uno sale por la noche ve que mucha de la gente del local es más joven

- al leer las páginas de economía del periódico, aparece la tentación de invertir en bolsa, empezar un negocio propio u otras locuras

- mucha ropa que nos iba bien cuando éramos adolescentes ya no nos cabe ni de coña

- tu jeto tiene más arrugas que la camisa que ayer dejaste en la silla

- antes la muerte que enseñar el DNI

Nota: pedimos disculpas en caso de que la lectura de este texto haya provocado un estado de alerta

Por: marta@popchild.com