Post disco

The Rapture | "Echoes" | Mercury | Import | 2003

El crossover dance-rock, cuya patente de invención se les atribuye a menudo a los Primal Scream de Screamadelica [Sire; 1991], eclosionó a principios de los noventa como un nuevo escenario en el que la pujante electrónica y el inmortal rock'n'roll caminaban de la mano en un trayecto que clamaba INNOVACIÓN a los cuatro vientos. Pero como ocurre con las clases de conocimiento del medio, que no conducen a los preadolescentes más que a tratar de quemar ranas con la ayuda de una lupa, el hallazgo de un nuevo filón musical no provocó un risorgimento de la escena musical de mediados de los noventa, sino que auspició una serie de trabajos de discutible factura de entre los que cabe destacar el Fat of the land [XL; 1997] de Prodigy, un disco al que el paso del tiempo ha acabado colocando en su sitio (esto es, en las cubetas de segunda mano de las tiendas de todo el planeta). Este desaguisado desmanteló por completo el género dance-rock cuando apenas llevaba seis años de andadura, y han tenido que pasar otros seis para que alguien se haya atrevido a revisitar esos pagos a fin de facturar la que es ya una obra de referencia del siglo XXI: el esperadísimo Echoes, segundo trabajo de los norteamericanos The Rapture.

Y es que si bien la música de este cuarteto con base de operaciones en Nueva York ha sido comparada desde la publicación de su aclamado House of the jealous lovers con la plana mayor del movimiento post punk -ya sea por su tratamiento vocal a lo Gang of Four, por sus líneas de bajo deudoras de Liquid Liquid o por un cierto desorden en sus desarrollos a lo Pop group-, The Rapture son en realidad un producto deudor, principalmente, de la década los noventa... Como muestra, varios botones: I need your love y Sister savior, dos de los singles más incontestables de esta suma de once temas cien por cien radiables, son temas house en el sentido estricto del término, las melancólicas Open up your heart e Infatuation recuerdan al trabajo de las bandas más 'tradicionales' de la escudería Thrill Jockey, y Olio y House of the jealous lovers, si bien le deben mucho al tecnopop y a la no wave, respectivamente, despiden un fuerte aroma a indie norteamericano de toda la vida -o lo que es lo mismo, de Sebadoh y Pavement en adelante-. Por eso Echoes no es tanto el disco nostálgico y revisionista que algunos nos quieren hacer creer, sino la epítome del crossover, aquel que se consuma pasando por un tamiz inequívocamente nineties los sonidos más granados de finales de los setenta y de la práctica totalidad de los ochenta.

Disquisiciones históricas aparte, Echoes es uno de los trabajos que no puedes perderte este año: uno de esos extraños artefactos que, por interesección de alguna extraña ciencia infusa, aúna grandes canciones, pegada inmediata y la bastante chicha como para convertirse en el ojito derecho de la crítica en este revisionista 2003.


“Echoes”






Por: iván carballido  


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