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Madamismo Dominical



Madamismo Dominical

Madamismo Dominical, es el nombre elegido para las sesiones de música en directo en el restaurante Madam de la calle Luna 12.

El buen tiempo llega y la vida nos invita a abandonar los lugares cerrados, pero la música sigue vetada en las calles, así que seguimos yendo a los bares y, ahora también, a los restaurantes para escuchar música en directo.

El pasado domingo 24 abril, Daniel Cabrera, Errukine Olaziregi y Yevhen Riechkalo estuvieron acompañando el rato del café y los ricos cócteles de sobremesa con boleros, standards de jazz y canciones de amor tóxico de toda la vida, además de los estímulos y propuestas que se animaron desde el público.

Rosetta (Hearl Hines, 1933) inició el repertorio para que guitarra, trompeta y voz sonarán en la intimidad del lugar elegido. El primer tema fue hilado a la perfección para llevarnos al cielo de Alabama donde caen las estrellas (Stars fell in Alabama, Fran Perkins y Mitchell Parish, 1934).

La voz de Errukine nos recordaba las interpretaciones de Billie Holiday o Ela Fitzgeral, con la peculiaridad de que ella también canta en español y las letras, entendidas por el público, suscitaron halagos y reconocimientos del lujo que allí estábamos presenciando porque, apenas ocho personas, fuimos las elegidas para deleitarnos los oídos la pasada tarde de domingo.

Cuando vuelva a tu lado (María Grever, 1934) cambió el estilo musical del concierto que sonaba en la voz melodiosa y sedosa de Errukine, una de esas voces que tienen la capacidad de conectar cabeza y corazón para dejarnos sentir y mover los pies que se quedaron en muchos temas con las ganas de bailar el resto del cuerpo en un suelo embaldosado al más estilo de los años 20.

Ese embelesamiento vocal sucedió también con las letras de Contigo aprendí (Armando Manzanero, 1967) todo un himno al amor romántico que aún revisando letras, podemos quedarnos con eso, con el aprendizaje que obtenemos de cada relación; porque todas esas letras, tóxicas o no, nos recuerdan la necesidad que tenemos de sentir, de expresar lo que nos pasa, de contar o cantar en alto nuestros sentimientos, y que se entere todo el mundo…

Dejando los boleros a un lado, volvió la música jazz, en la que se echó de menos un espacio para bailar, sobre todo balboa, con Some of these days (Shelton Brooks, 1910).

Desde ahí, la confianza de la intimidad creada abrió paso a peticiones del público para engrosar el repertorio con Bésame mucho (Consuelito Velazquez 1932). La popularidad de las letras consiguió que niños y alguna que otra persona curiosa que pasaba por allí, se sintiera seducida por la musicalidad y entrará a disfrutar de este espacio durante un par de temas más.

El calor del ambiente creado por esas letras facilitó la complicidad y el juego, que tanto se da entre los músicos del jazz (aunque sean pocos) para que la suavidad en los dedos de Daniel, que tocaba la guitarra, se compenetraran con el ritmo y firmeza del aire de la trompeta que todo lo sostuvo en la respiración de varios temas de blues ¿lentos? Bueno, esa es la magia de la música y el jazz, que los ritmos van y vienen y lo que empieza lento se puede transformar en un swing que vuelve al blues para terminar Basin street blues (Spencer Williams, 1928).

Madamismo Dominical

También hubo tiempo para rancheras como Se te olvida (Álvaro Carrillo, 1965) conocida como La mentira por culpa de una telenovela, que dió paso de nuevo a Old fashionable love (J.P Johnson, C.Mack, 1923) y así escuchar la confesión de los secretos que allí se compartieron con el tema Tres palabras (Osvaldo Farrés, 1947).

Podemos decir, que la sesión melómana programada fue concluyendo en una fiesta privada para tres, en familia, dónde el diálogo entre público, músicos y cantante entremezclaba las letras de las conversaciones con las de los temas y así sonaron la rusa Ochi Chernye (romanza de Yevhen Pavlovich Hrebinka, 1843) al solo casi de la trompeta, la ya contemporánea Rata de dos patas (Paquita La del Barrio. 2004), o Fly me to the moon (Bart Howard, 1954).

¿Qué más puedo decir? Pues, que si te acuerdas de mí, menciones a cada una de las personas que aquí fueron citadas, incluyendo lugares, compositores, músicos e intérpretes, porque ese amor y música que quiero y tanto extraño solo será posible si vienes conmigo.

Gracias Madam Restaurante por traer música en vivo al barrio de Malasaña, por muchos domingos más: brindamos.

Fotos y redacción: Tina Sánchez Pastor

Archivo Música

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