Film
Lost in Translation | Sofia Coppola | EEUU | 2004
Perdidos en Tokio ...
Es muy dificil escribir sobre una obra maestra como "Lost in Translation" sin mencionar su maravilloso final, una ola creciente de felicidad, sencillez y dulzura, que crece al envolvente ritmo de la preciosa "Just Like Honey" de Jesus and Mary Chain, y lo hace con una honestidad inmune a todo cinismo y desesperanza. Es difícil, sí, pero también es un placer inmenso.
Bob Harris (Bill Murray) es un veterano actor de Hollywood que viaja a Tokio a filmar la publicidad de un whisky, exprimiendo su vieja fama por unos cuantos millones de dólares. Lejos de una crisis de la mediana edad, la angustia de Bob es cansancio, es una resignación alienada que se aísla y se purifica en una Tokio totalmente ajena, incomunicable, saturada de gente, luz e imágenes, pero terriblemente solitaria para un occidental. En su hotel, Bob conoce a Charlotte (Scarlett Johansson, cuyos ojos son los únicos capaces de hacerle frente a los de Murray), una joven veinteañera casada hace un par de años con un fotógrafo al que acompaña durante un viaje de trabajo. Charlotte está tan sola como Bob, y pasa sus días paseando por las calles de Tokio, merodeando en un mundo donde la cultura pop estalla constantemente en neones y ruidos, con una fuerza que se imprime violentamente en la sensación de pérdida y ausencia que Charlotte tiene consigo misma.
Sofía Coppola vuelve a poner sus maravillosos ojos en la idea del encuentro de dos personas que sólo se tienen a sí mismas. Lo había hecho antes en la excelente "Las vírgenes suicidas" (1999), sólo que en su ópera prima se trataba de un grupo de adolescentes enamorados de un grupo de luminosas hermanas, enclaustradas y separadas de la vida. Aquella vez, la novela original de Jeffrey Eugenides sólo le permitió a la directora un plano irreal de esos jóvenes en un coche, escapando juntos de la muerte. Ahora, el encuentro entre estas dos almas perdidas, Bob y Charlotte, es el principio de una aventura íntima, de un rescate vital mutuo y encantador en donde las palabras nunca sobran, y los gestos nunca exageran.
Con su personalísima "Lost in Translation" (el primer plano de la película no podría haber sido filmado por nadie más), Sofía Coppola parece estirarse a sus anchas en un guión minimalista y preciso (pensado desde el comienzo para Bill Murray), aunque abierto a las magníficas improvisaciones de la pareja protagónica. De hecho, esta es un película que Sofía Coppola no podría haber hecho sin Bill Murray, pero tampoco Bill Murray podría haber dado la mejor interpretación de su carrera sin una directora como Sofía Coppola. La complicidad (mucho más que química) entre Bob y Charlotte parece un juego de amigos eternos, y la directora se encarga de proporcionarles casi maternalmente el ámbito de contención perfecto para que puedan jugar, cantarse "More than this" de Roxy Music o "Brass in pocket" de The Pretenders con la ayuda del karaoke, amarse y salvarse el uno al otro del poder angustiante de un mundo ajeno -y un momento de la vida- en el cual la soledad parece ser el único y angustiante estado de las cosas. Esta historia de amor tan imposible como real flota en un mar tecnológico y apabullante, menos exótico que ajeno, y asciende desde las profundidades del desencuentro para cristalizar una relación mágicamente cotidiana, y redondear una película sencillamente sublime.
|


|