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Teenage Fan Club + Champagne | Aulario La Bomba | Sevilla | 2005-10-11

Por fin la lluvia ha llegado a Andalucía. Estábamos tan secos que cuando aparecía alguna nube por el cielo nos asustábamos, salíamos corriendo a nuestras casas, despavoridos, como Tom Cruise en "La Guerra de Los Mundos". Y, aunque fuese un día gris, los personajillos locos de la revista Freek! y la Universidad de Cádiz se propusieron darle la espalda a la lluvia, con respeto, sin molestarla, dejándola correr. Nos trajeron desde Escocia a una de las bandas más admiradas dentro de la escena power pop de los noventa, Teenage Funclub, creadores de himnos intachables como "What you do to me", "The Concept" o "Discolite", para sembrar un poco de sol, para que el nostálgico pudiese volver a sudar su camiseta como hacía tiempo, o el avezado indie de recién hornada pudiese constatar que los noventa no solo fueron pasto del "teenage angst" del grunge.

Y no solo de los noventa se alimentó la velada: llegados de San Fernando Champagne siguen presentando su espléndido disco de debú "Ready, Steady, Go!", un auténtico vendaval de frescura pop. Lo suyo fueron cuarenta minutos repletos de juegos de voces maravillosos, arreglos concisos, sin caer en la ternura barata. Junto con Bombones en Rock Indiana, e incluso llevándoles ventaja, los de San Fernando merecen una mayor presencia en los medios independientes, todo para que no se queden inmersos en el temible "hubiesen sido muy grandes si se les hubiese hecho más caso". Remediémoslo a tiempo.

Y después del licordelpolo musical que supusieron los Champagne, salieron los del "club de fans para adolescentes". Y en honor a su nombre, propusieron un juego simple y honesto: regalar a la congregación, entregada, con edad de merecer y seguramente coetáneos de la banda en su edad de oro, un viaje en el tiempo: vivir en tiempo real sensaciones que para siempre quedaron asociadas a un lugar y a una canción. El repertorio se basó, prácticamente, en temas consagrados, y se les veía sonrientes, rejuvenecidos, reconfortados con ver que su trabajo seguía teniendo vigencia…pero, ¡ay!, la edad pasa factura, y la ilusión suele ir con ella de la mano. Los temas nuevos, esos en los que la gente no soltaba un UOOOH! o un AAAAH! sonaban aburridos, densos, embarullados, desganados. Eran como el Dr Jeckill y Mr. Hyde del power pop. "Ora si, ora me hecho unos bailes y os veo felices y a gusto, ora miro hacia los lados, hablo con mi compañero de concierto buscando sinónimos absurdos con los que definir lo que se escuchaba, ora buscaba uno la salida con hambruna y desazón".

Eso si, el bis fue intachable: guitarras celestiales que acompañaban a melodías de acné pop a los que uno no podía sino sonreír de oreja a oreja y buscar entre las adolescentes recién llegadas al mundo universitario un guiño de complicidad. Ah, juventud...divino tesoro...




Por: Antonio Bret  


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