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De latir mi corazón se ha parado | Jacques Audiard | Francia | Vertigo Films | 2006

“De latir mi corazón se ha parado”, podría ser el título de una dramática canción pop de amor (de hecho hace alusión a un tema de Jaques Dutronc), pero no es sino la nueva película de Jacques Audiard, autor entre otras de delicias como “Lee mis labios” (2001) o “Venus salón de belleza” (1998). Otra exquisita obra como tan solo nuestros vecinos los franceses saben realizar, que porque no decirlo, tienen más voz y voto y años de experiencia en esto del cine que nosotros.

Presentada en la última edición del festival de cine de Berlín, “De latir mi corazón se ha parado” es una historia tosca, dura, desgarradora, con una carga emocional lo suficientemente justa para mantener al espectador inmiscuido en la trama en todo momento. La narración nos explica como Tom (Romain Duris) de veinte ocho años, está obligado a seguir los pasos de su padre en el sórdido negocio de las ventas inmobiliarias, cuando de repente descubre que puede seguir la carrera de su madre, por lo que decide prepararse para una audición con una pianista china (Linh Dan Pham) con la que mantiene un amor platónico en la que apenas cruzan unas palabras, que deberá salvar del crudo mundo que le rodea. Basada en la película del año setenta y ocho “Fingers” del director americano James Toback, donde el protagonista era interpretado por el excelente Harvey Keitel, “De latir mi corazón se ha parado”, trata de dar un punto de vista más a la historia, situándonos en un marco más actual, y debiéndole mucho a la banda sonora, mezcla entre los dos mundos del protagonista, por un lado la normalidad consciente y por otro el brote psicótico que se reparte a la vez entre música clásica y techno.

En esta nueva adaptación de la obra, el protagonista es retratado de una forma más matizada e intimista, más personal y menos por encima, tratando de meternos en la piel de Tom, y entendiendo el porqué de sus tormentos. No es que esta nueva versión de “Fingers” nos explique nada nuevo, al fin y al cabo no es más que un remake como cualquier otro, pero pasados los años la sociedad cambia y el tinte de las cosas también, por lo que el guión de Audiard varia en los puntos de vista y nos narra los hechos en un presente más actual. Mucho se le debe también a la interpretación de sus actores, sobretodo a la del joven Romain Duris, que vimos hace poco en “Casa de muñecas”, junto a actores de la talla de Niels Arestrup, que interpreta a su padre. Gracias a estas interpretaciones y a la manera de filmar y narrar del director, nos metemos de pleno en una historia que explora el subconsciente masculino, los sentimientos humanos, las frustraciones y las esperanzas en un entorno de barrios bajos.

Una buena película que vale la pena disfrutar, tanto si viste la versión del año setenta y ocho como sino, ya que Audiard consigue crear densas escenas que te van atrapando a medida que transcurre la cinta. Es lógico por tanto que le otorgaran ocho César en la última edición de estos premios.

Por: Álex  


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