Pop electrónico

Goldfrapp | "Black Cherry" | Mute/Everlasting | | 2003

Esta vez el huracán en vez de llevarse a Dorothy y a su perro Toto al mundo de Oz, se ha llevado a Alison Goldfrapp y a Will Gregory. Y ha sido ella misma la que le ha robado los zapatos rojos a la bruja del Oeste. Se los ha calzado y se disponen a seguir las baldosas amarillas que discurren por un extraño mundo. Paralelo al mundo (maravilloso por otra parte) que descubrimos con el aclamado “Felt Mountain”, ese camino de baldosas amarillas nos lleva por nuevos derroteros confirmando que el single de adelanto del dueto británico (“Train”) no era sólo un espejismo . En su anterior trabajo los paisajes sonoros te atrapaban bajo un efecto narcótico. Este “Black Cherry”, su segundo trabajo, supone un acercamiento a ritmos más bailables donde las bases tecno se repiten bombeando un ritmo que lo emparenta en parte a la moda electroclash. Es como si hubiesen utilizado al Hombre de Hojalata para sus percusiones. Solamente tienes que ver las fotos del interior del cd para ver como la hermana gemela de Alison, perversa, malévola y semejante a un león que de cobarde no tiene nada, ha tomado de un imaginario cabaret perruno todo aquello que pueda resultar provocador y hasta fetichista. Pero no ha roto con el estilo John Barry o Ennio Morricone que aún destilan algunos de los cortes que nos siguen rememorando la brumosa calma sonora de “Felt Mountain”.

En algunos momentos nos parece encontrar referencias al pop de Saint Ettiene como en “Crystalline Green” o “Hairy Trees”. En otros, un toque de bases más rotundas (como en “Train”) puede servir para confundir al personal mostrando una nueva cara: canciones más bailables, loops ásperos y necesidad de mostrar una imagen tal vez más de niña mala. Pero no todo se reduce a ello: la dulzura de “Black Cherry” o “Forever” nos hace retroceder a su anterior trabajo. Como todo vale, se permite hasta melodías muy ochenta en “Tiptoe”, donde una maravillosa orquestación le da su sello inconfundible. “Deep Money”, una de nuestras favoritas, nos lleva a la secuencia más tórrida de cualquier película porno de los años 70 donde cuerpos semidesnudos aparecen desenfocados moviéndose al ritmo de una voz que gime y susurra. De nuevo Alison mueve el látigo con “Twist”: otra piel de lobo para la oveja. Destellos de una nueva imagen adoptada en un intento de renovarse o morir. Como en la encantadora “Strich Machina” donde nos parece escuchar un refrito de Donna Summer capaz de revitalizar el estilo más glam de los años 70 en el momento en que los éxitos de discoteca despegaban. Para acabar “Slippage” cierra un álbum que aunque no llega a las cotas de su anterior trabajo nos deja un buen sabor de boca. Aunque después de todo nos gustaría que Alison devolviera esos zapatos robados a la Bruja del Oeste y volvieran a la cumbre de una montaña que en este disco se nos antoja demasiado escarpada.



“Black Cherry”






Por: Joan Casulleras y Rafa Piera  


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